Sentir bien emocionalmente empieza por pensar de forma racional

Muchas veces sufrimos innecesariamente porque rellenamos la falta de información de un suceso con nuestros miedos irracionales y nos cuesta ver la situación de forma racional.

Sentir bien emocionalmente empieza por pensar de forma racional
Sentir bien emocionalmente empieza por pensar de forma racional

Nuestros pensamientos juegan un papel central en nuestras emociones, pues no todos reaccionamos ante una misma situación de igual forma. Si nos fijamos, no reaccionamos emocional y comportamentalmente de forma directa ante las situaciones, sino que, según la forma en que interpretamos los acontecimientos que experimentemos, sentiremos de una manera o de otra, actuando en función de lo que creamos y sintamos.

Para clarificar pongo un ejemplo:

  1. Ocurre un acontecimiento o situación (al que llamamos A): Un hombre está esperando a su pareja para ir a cenar y al último momento le dice que no puede venir a la cita. La consecuencia (la llamamos C) es la reacción a ese acontecimiento. Puede ser emocional, por ejemplo, se siente deprimido, decepcionado y/o comportamental, por ejemplo, se enfada mucho con la pareja.

Observando que la consecuencia emocional y comportamental (C) sigue casi inmediata y directamente al acontecimiento (A), el hombre (en este ejemplo) tiende erróneamente a pensar que A causa C y equivocadamente concluye de esta manera: “Me siento tan deprimido (C) porque él/ella no ha venido a la cita (A)”.

Sin embargo, la consecuencia no proviene directamente del acontecimiento A, sino de B, la creencia o interpretación del acontecimiento A. Esa creencia (B) podría ser: “Si ella me quisiera de verdad no anularía una cita conmigo, seguro que no me quiere, no le importo nada porque no valgo nada”. Lo que produce la consecuencia emocional y comportamental (tristeza, no salir de casa,…) no es el hecho de que su pareja no vaya, sino la interpretación que él hace de este suceso.

Para que veamos la diferencia imaginemos el mismo ejemplo interpretado de otra manera:

  1. (A): Un hombre está esperando a su pareja para ir a cenar y al último momento le dice que no puede venir a la cita. Si la interpretación B fuera distinta, como por ejemplo “probablemente le habrá surgido algo importante a última hora”,  la consecuencia emocional y comportamental (C) también sería diferente: “Me siento molesto por tener que dejar los planes de la cita a última hora, pero entiendo que pueden surgir imprevistos, ya saldremos a cenar otro día”.

Si nos fijamos, en el primer ejemplo de la misma situación hay palabras que nos muestran que probablemente el pensamiento tenga carga irracional provocada por experiencias traumáticas pasadas (de anteriores parejas por ejemplo) o por creencias adquiridas de lo que es “querer”. Vemos que son afirmaciones muy absolutistas que niegan otras posibilidades porque se viven como realidades absolutas e inmutables “si anula la cita es porque seguro que no le importo nada, no me quiere porque no valgo nada. Y claro, pensando así, la persona se va a sentir realmente mal, desesperanzada y con mucha angustia. Si prestamos atención, vemos que si se trata de su pareja, lo más probable es que sí sea una persona que le quiere y que desea pasar tiempo con él. Probablemente esté pensando de forma distorsionada, exagerada e irracional (como podemos observar de las palabras en negrita)

En el segundo ejemplo vemos una manera de pensar con menos carga emocional negativa, que le genera menos sufrimiento y es más adaptada para llegar a un entendimiento con la pareja.

Las creencias irracionales producen emociones desagradables que interfieren muy negativamente. Sabemos que:

 

  • Son automáticas. Acuden a la mente de una forma rápida.
  • Comienzan muy a menudo con “debería o debo” “tendría o tengo que”.
  • Incluyen términos absolutos como “nunca”, “siempre”, “todo”, “nadie”, “todo el mundo” …
  • Tienden a dramatizar: predicen catástrofes, suponen lo peor.

Estas creencias irracionales, se pueden cambiar, cuando las identificamos, para ello te propongo que

  • Analices las evidencias o pruebas a favor y en contra de que se cumpla o sea cierto el pensamiento irracional.
  • Pienses en la probabilidad real de que ocurra o sea cierto lo que el pensamiento irracional dice.
  • Genera posibles pensamientos alternativos más realistas y menos radicales.
  • Desdramatiza, piensa si las consecuencias que tendría lo que dice el pensamiento irracional realmente son tan catastróficas.
  • Pregúntate para qué te sirve el pensamiento irracional, qué ventajas tiene.

Finalmente, ¿crees que has aprendido un poco más sobre cómo piensas y sientes? Recuerda que para saber si te encuentras ante una creencia irracional la emoción negativa estará muy activada, y a veces en este estado cuesta distinguir qué es lo que estás pensando de forma distorsionada, te ofrezco la posibilidad de pararte y escribir lo que sientes, tal vez así, cuando hayas escrito todo, podrás resaltar las palabras clave que te harán ver que estás ante una forma de pensar irracional y las podrás graduar para sentir de una forma más adaptada y racional.

Los autores que desarrollaron la terapia cognitiva (tema de este artículo), son Aron Beck y Albert Ellis.

Júlia Araujo Guerrero

Psicóloga colegiada número 21877



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