¿Investigación científica a cualquier precio?

La investigación con animales sobre posibles medicamentos o sustancias tóxicas muchas veces a dado resultado. Aunque no siempre sea garantía de éxito ayudan a prevenir enfermedades para los seres humanos. Pero todos esos animales son también seres vivos y ha quedado demostrado que investigaciones sin animales también dan resultado. Una vez más, la vida nos plantea otra balanza entre la moralidad y el progreso con condiciones.

¿Investigación científica a cualquier precio?
¿Investigación científica a cualquier precio?

La famosa frase “ser el conejillo de indias” no podría ser más acertada para este artículo. Son muchas la investigaciones que se hacen a partir de animales. Unos animales que no pueden defenderse ni expresar con palabras su negativa a ser tratados o experimentados. Su única negativa sería el de sus movimientos que significarían su resistencia ¿no sería suficiente?

Muchos de los estudios de estos animales conllevan el aprendizaje de medicina en muchas facultades y ayudan al progreso de nuevos medicamentos y prevenciones en enfermedades para los seres humanos. Pero también es cierto que toda investigación tiene un límite, y más cuando se trata de seres vivos.

Cientos de millones de animales son utilizados cada año en pruebas de toxicidad, como modelos de investigación en diversos laboratorios de todo el mundo. Ratones y ratas, hámsteres, conejos, jerbos, perros, gatos, cerdos, vacas, ovejas, reptiles, truchas, monos, diversos pájaros y muchos otros padecen nuestros experimentos de biología, bioquímica, fisiología, psicología…etc. Los laboratorios inoculan virus en animales, alteran su material genético y matan a las madres cuando están embarazadas para estudiar sus fetos. Les someten a privaciones de comida o incluso a descargas eléctricas para comprobar su resistencia, los queman vivos, les aplican sustancias irritantes en los ojos y en la piel, les extirpan glándulas, les obligan a ingerir sustancias tóxicas, les provocan parálisis, les someten a radiaciones, a temperaturas extremas…etc. Constantemente surgen nuevas sustancias que serán testadas en sus cuerpos, nuevas combinaciones de variables cuyos efectos desean comprobarse sobre ellos, como también nuevas técnicas e hipótesis a demostrar. Y todo eso por un bien para la humanidad y para garantizar nuestra buena salud y prevención de enfermedades.

Cierto es que para garantizar una máxima prevención es necesario que alguien esté dispuesto a sacrificarse y a probar nuevas sustancias y a ser, mencionando el término de nuevo, “el conejillo de indias”. ¿Pero sería posibles las investigaciones si animales? Por supuesto que sí. Muchas personas afectadas ya por alguna enfermedad quieren ayudar a encontrar una cura que beneficie a todos dando su plena autorización y voluntad para someterse a investigaciones. Muchos de esas experimentaciones han servido para aislar las anormalidades en los cerebros de pacientes con esquizofrenia u otros desórdenes mentales. Los estudios in vitro de cultivo celular y de tejidos son utilizados para buscar sustancias, y son formas de producir y probar diversos productos farmacéuticos como vacunas, antibióticos y proteínas terapéuticas.

No obstante, no podemos obviar que la vida es un derecho y por consiguiente no podríamos obligar a un ser humano involuntario para poder ser el ejemplo beneficioso para los demás. Pero ¿porqué un animal no puede tener el mismo derecho? La naturaleza es sabia, y para que el ciclo de la vida se vaya regenerando es necesario que los animales se puedan cazar los unos a los otros y así contribuir en esta cadena alimenticia y poder sobrevivir. Pero el tema es mucho más complejo, y a veces se olvida que para poder encontrar las curas maltratar a animales no es la única solución.

La mayoría de facultades de medicina de EEUU, incluyendo Harvard, Stanford y Yale, han sustituido la utilización de animales vivos en fisiología, farmacología y entrenamiento quirúrgico por métodos de aprendizaje sin animales; desde la observación directa de cirugía sobre pacientes humanos, a los simuladores de pacientes, la utilización de cadáveres donados, sofisticados programas de ordenador, muñecos o modelos especiales para aprendizaje.

La investigación científica siempre debe continuar existiendo ya que sus avances son el gran sinónimo de nuestro bienestar, ¿pero debe continuar a cualquier precio?

Imágenes de:

Photo by Antonino Visalli on Unsplash

 

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