¿Por qué nos cuesta tanto decir “te quiero”?

Te quiero. Hoy en día consideradas las palabras más importantes en cualquier relación. Palabras mágicas, llenas de amor, de felicidad, de esperanza. Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto decirlas?

¿Por qué nos cuesta tanto decir “te quiero”?

El amor, cuando correspondido, es uno de los mejores sentimientos que vamos a experimentar en esta vida. Y no solo el amor romántico, cualquier tipo de amor es, en mayor o menor medida, un rayito de luz que ilumina el más gris de los días. El beso de una pareja, el abrazo de una madre, el sonreír de un amigo o los lametones juguetones de una mascota, nos hacen sentir un poquito más llenos que antes, un poquito más vivos.

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Pero el amor también va acompañado de uno de los peores sentimientos que hay: el rechazo. Ese monstruo que nos acecha desde debajo de la cama cada noche antes de dormirnos, aprovechando nuestro aletargado estado para tocar el son al cual bailan los demonios en nuestra cabeza. Decir que tenemos miedo a sentirnos rechazados no es decir nada. Le tenemos verdadero pavor, queramos admitirlo o no.

¿Por qué nos cuesta tanto decir “te quiero”?

Es ese miedo el que nos impide pronunciar las palabras mágicas, el que nos para en seco, nos retuerce la lengua y nos bloquea la mente hasta invadirlo todo con la peor pregunta de las que existen, “¿y si…?”. De entre todas las posibles combinaciones de letras, palabras y símbolos, esta cuestión es, sin duda, la que más daño nos ha hecho. Una vez se cuela en nuestros pensamientos, se retroalimenta de nuestras dudas y nuestros miedos, hasta que de lo único que estamos seguros es que no estamos seguros de nada.

¿Por qué nos cuesta tanto decir “te quiero”?

Irónicamente, ese miedo es razonable. Una frase, dos palabras, ocho letras y ya no hay vuelta atrás. Porque decir “te quiero” supone ser vulnerable, poner todas las cartas sobre la mesa y hacer la mayor apuesta de todas, el corazón, con la posibilidad de que nos lo devuelvan hecho pedazos. Es uno de los mayores riesgos que vamos a correr, pero también conlleva una de las mayores recompensas. Como dijo Jean-Paul Sartre, en su novela La nausea, “You know, it’s quite a job starting to love somebody. You have to have energy, generosity, blindness. There is even a moment, in the very beginning, when you have to jump across a precipice: if you think about it you don’t do it. I know I’ll never jump again” (Sabes, es una hazaña ponerse a querer a alguien. Tienes que tener una energía, una generosidad, una ceguera… Incluso hay un momento, en el mismo principio, en el que tienes que saltar un precipicio; si lo reflexionas, no lo harás. Se que no volveré a saltar de nuevo).

¿Por qué nos cuesta tanto decir “te quiero”?

Otro miedo que acompaña tan entrañables palabras es el miedo al compromiso. “Te quiero” puede sonar como una promesa, una promesa que muchas personas no están dispuestas a hacer. No por falta de amor, sino por falta de seguridad. Cuando nos declaramos a alguien queremos que ese amor sea eterno, pero la verdad es que pocas cosas lo son. Hay demasiados obstáculos: la muerte, la separación, la ruptura de amistades. En un mundo como en el     que vivimos, la promesas, como las reglas, parecen estar hechas para romperse.

En relación a este tema, el profesor David Van Nuys reflexiona, en su artículo en Psychology Today, que el temor a estas palabras está relacionado con la culpabilidad que sienten muchas personas al pronunciarlas, incapaces de ignorar la ambivalencia subyacente que, según Freud, todas las relaciones presentan. Las personas tienen miedo de los matices adicionales de los que, en la actualidad, puede ir acompañada la expresión, como “te querré siempre”, “nunca tendré dudas de mis sentimientos hacia ti” o “voy a querer que nos casemos”, cuando lo único que pretenden decir es “no se qué va a pasar en el futuro, pero en este momento tengo sentimientos de amor hacia ti y sólo quiero expresarlos y disfrutarlos libremente”.

¿Por qué nos cuesta tanto decir “te quiero”?

Ahora bien, el miedo no va siempre acompañado de connotaciones negativas. Su mera existencia en nuestro interior implica que tenemos algo que perder, por lo que tenemos algo por lo que luchar. Pero se necesita valentía, que no siempre es fácil reunir. Nos rodeamos de paredes sin ventanas, de puertas infranqueables y murallas impenetrables. Tantas barreras y una simple llave: “te quiero”. La verdad es que es agradable saber que, en un mundo vacío de contenido, aún hay palabras que sostienen un significado sincero.

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Photo by Everton Vila on Unsplash

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