Amor a primera vista, ¿algo más que el sueño de una noche de verano?

Uno de los mayores debates en la historia romántica de la humanidad es la existencia del elusivo concepto del amor a primera vista. Muchos son sus leales defensores, creyentes hasta el fin de sus días en su existencia. Al resto se les llama escépticos. Bonita realidad nos ha creado Hollywood, ¿no?

Amor a primera vista, ¿algo más que el sueño de una noche de verano?
El amor a primera vista es una de las figuras literarias y cinematográficas que más popularidad tienen en nuestra sociedad. ¿Y por qué no debería? Al fin y al cabo, consigue el impacto sentimental que cualquier producción artística busca. Todos hemos visto la típica escena en la que el hombre pensativo sentado en un bar ve entrar por la puerta a la gloriosa mujer que se convertirá en las próximas horas en el amor de su vida. Todos hemos querido ser uno de ellos. La pregunta del millón, ¿es posible?
Nadie puede dar una respuesta absoluta a esta pregunta, pues existen argumentos tanto a favor como en contra. De éstos últimos, uno de los que se oyen más a menudo es el más evidente, que crítica la parte de “a primera vista” del concepto. Según este argumento, es imposible enamorarse de alguien con sólo verle, pues a una mirada quedan ocultas todas aquellas características que caen fuera del plano físico. Esa atracción puede ser base del deseo sexual, pero no del amor.
Amor a primera vista, ¿algo más que el sueño de una noche de verano?

El profesor Aaron Ben-Zeév presenta en uno de sus artículos en Psychology Today un contraargumento a esta idea. Según él, el principal fallo de esta línea de pensamiento es la asunción de que no podemos atribuirle a la persona en la que hemos posado la mirada (y el interés) esas características normalmente ocultas al ojo humano. Así pues, podemos enamorarnos de la idea que nos creamos de una persona, aunque después es probable que resulte que esa idea fuera errónea y nuestro amor, de duración más bien corta.

Si eso es cierto, significaría que nos enamoramos de una ilusión producto de nuestra propia imaginación y nuestro deseo de dejar la soledad al otro lado de la puerta. ¿En tal caso, realmente se puede considerar amor al amor a primera visa? Y así volvemos al debate inicial, topándonos con un círculo vicioso, un uróboro lo llamarían los griegos, una serpiente que se muerde la cola representando una lucha eterna, pues independientemente de nuestras acciones (o en el debate que nos ocupa, nuestros argumentos), el ciclo vuelve a comenzar una y otra vez.

Matchmaking Para mentes abiertas y reflexivas

Lo más probable es que no sea más que una cuestión de semántica. Nos hemos centrado tanto en darle vida a un concepto idílico que hemos dejado de lado el mensaje subyacente. Nos precipitamos a la necesidad de que sea amor a primera vista, a vivir el gran cuento de hadas de las películas hollywoodienses, porque queremos sentir, en lo que dura una mirada, la misma intensidad, la misma espiral de emociones que sienten los protagonistas en una historia de 90 minutos.

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Pero nuestras vidas no duran 90 minutos, no tenemos el deber de concentrar los sentimientos de toda una vida en una mirada. Lo cierto es que parece improbable enamorarse de alguien con tan sólo verle, pero sí es posible sentir una conexión, una atracción hacia esa persona. Citando a la escritora Ann Aguirre, “a veces, cuando conoces a alguien, hay un click. No creo en el amor a primera vista, pero sí creo en ese click”. Quizás ese es el gran secreto detrás del amor a primera vista, lo que al fin y al cabo, todos buscamos: ese click que nos hace ver en una persona la posibilidad de un amor de película.

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Photo by Thư Anh on Unsplash

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